24 oct. 2011

El juicio de Paris [La puñalada de Helena]


Entonaban las liras una funesta canción,

Canción de un juicio que a la perdición

Iba a condenar al que sucumbió a la pasión.


Paris, hijo de Priamo fue la elección

De las tres diosas para la decisión

De que tan sólo una de ellas asistiera a la coronación

De la más bella diosa y reina de la tentación.


Hera, Atenea y Afrodita ante su visión,

Cada una puso en juego un don,

Gobierno, gloria y amor se le ofrendaron.


Pudo ser dueño de todo oriente,

Amo y señor de la tierra del sol naciente.

Más esto no le fue suficiente.


Pudo soldado invencible ser,

Pelear en cada batalla sin miedo a perder.

Más la utilidad de esto no supo ver.


Ciego, el amor eligió sin advertir

En lo que el deseo se iba a convertir,

Lo que comenzó en amor en tragedia terminaría.


Así, Afrodita a su amada Helena le entregó,

Su relación marcada por el fuego empezó

Y a los deseos de la carne sucumbió.


Helena, de tez blanca,

Helena, de oscura melena,

Helena, de sonrisa clara,

Helena, de sincera mirada.


A las sabias voces no quiso escuchar

Y a todo un país Paris haría temblar,

Por una mujer la guerra iba a estallar.


Helena a las advertencias sí atendió

Y a los que la llamaban ella siguió,

Así, el corazón de Paris destrozó.


Marchó este herido a la batalla,

Esperando realizar una hazaña,

Demostrando su valía

Y el amor que sentía.


Luchó, su espada siempre empuñó,

Con la esperanza vivió,

Más la proeza que buscaba no sucedió.


De esa batalla ya jamás volvió,

Una flecha un arquero lanzó

Y Eros a su corazón la guió.


Muerto Paris cayó,

A su amor ya jamás vio,

Peleó y murió por un perdón que no consiguió.

By:Deep_Within

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